por
pobrecito hablador
el Miércoles, 22 Septiembre de 2004, 16:57h
(#359410)
Ok. Disculpa por el tono empleado, pero el de tu comentario es de un estilo cada vez más frecuente y que, si no se matiza más, queda en mera descalificación de la democracia representativa.
Sobre lo que dices de que hay grupos de interés que condicionan la política he de contestarte que no hay nada que objetar siempre que esos intereses aparezcan bien visibles, como es el caso.
Los partidos políticos los integran personas como tú y como yo y son tan sensibles como tú y como yo a los grupos de opinión organizados. Si tú fueras presidente estoy seguro (o casi seguro) de que te influiría la opinión de Stallman y todos los que estamos implicados de algún modo en esto del software libre. ¿Significaría eso que te has vendido o que eres un títere de unos intereses creados? Yo creo que no. Creo que lo único exigible es que lo que hagas o vayas a hacer esté a la vista, para que podamos juzgarlo y orientar nuestra respuesta (y cada cierto tiempo, también nuestro voto) en la dirección que creamos más adecuada.
ZP dejó bien a las claras sus simpatías por los artistas vinculados a la SGAE, así que no debería sorprender que ciertas acciones estén en sintonía con ellos. Y no digo que me guste la cosa. A ver. Estoy en desacuerdo con el canon, pero la cuestión de si la copia privada es legal o ilegal me resulta, cuanto menos, opinable. Y me parece respetable quien defiende que la distribución P2P de copias es ilegal. Nadie puede caer de la parra ahora y decir que ZP traicionó a la gente en ese aspecto.
Ahora, si se pronunciaron contra la LSSI, es justo que ahora haya quejas. Puede que algunas personas hubiesen formado su criterio como votantes atendiendo a lo dicho en esta cuestión (aunque, en este caso, pesaron y mucho otras cuestiones). Pero una cosa es tener derecho a la queja y otra descalificar un sistema que, hoy por hoy, es el único capaz de hacer prosperar a las naciones. Ten en cuenta que muchos lectores de BP son gente en edad de formarse una opinión sobre la organización de las cosas y que esa crítica irracional, basada en una simplificación brutal de las cosas, arraiga en ellos y los pone contra un sistema que no es, ni de lejos, tan injusto como otros aún vigentes.
Re:Mira que aprecio a ZP...
(Puntos:1)Sobre lo que dices de que hay grupos de interés que condicionan la política he de contestarte que no hay nada que objetar siempre que esos intereses aparezcan bien visibles, como es el caso.
Los partidos políticos los integran personas como tú y como yo y son tan sensibles como tú y como yo a los grupos de opinión organizados. Si tú fueras presidente estoy seguro (o casi seguro) de que te influiría la opinión de Stallman y todos los que estamos implicados de algún modo en esto del software libre. ¿Significaría eso que te has vendido o que eres un títere de unos intereses creados? Yo creo que no. Creo que lo único exigible es que lo que hagas o vayas a hacer esté a la vista, para que podamos juzgarlo y orientar nuestra respuesta (y cada cierto tiempo, también nuestro voto) en la dirección que creamos más adecuada.
ZP dejó bien a las claras sus simpatías por los artistas vinculados a la SGAE, así que no debería sorprender que ciertas acciones estén en sintonía con ellos. Y no digo que me guste la cosa. A ver. Estoy en desacuerdo con el canon, pero la cuestión de si la copia privada es legal o ilegal me resulta, cuanto menos, opinable. Y me parece respetable quien defiende que la distribución P2P de copias es ilegal. Nadie puede caer de la parra ahora y decir que ZP traicionó a la gente en ese aspecto.
Ahora, si se pronunciaron contra la LSSI, es justo que ahora haya quejas. Puede que algunas personas hubiesen formado su criterio como votantes atendiendo a lo dicho en esta cuestión (aunque, en este caso, pesaron y mucho otras cuestiones). Pero una cosa es tener derecho a la queja y otra descalificar un sistema que, hoy por hoy, es el único capaz de hacer prosperar a las naciones. Ten en cuenta que muchos lectores de BP son gente en edad de formarse una opinión sobre la organización de las cosas y que esa crítica irracional, basada en una simplificación brutal de las cosas, arraiga en ellos y los pone contra un sistema que no es, ni de lejos, tan injusto como otros aún vigentes.